PrimaveraTodo empieza, pero sin prisas

La primavera belga es una promesa que hay que saber esperar. Marzo despierta el suelo, abril lo calienta a trompicones y mayo lo confirma pasados los Santos de Hielo (heladas de mediados de mayo). Es la estación en la que más se siembra, en la que las macetitas se alinean en los alféizares y en la que se aprende la paciencia: una semana de retraso vale más que una noche de helada sobre unos tomates sacados demasiado pronto. El huerto se va llenando poco a poco de verdes tiernos, y las primeras cosechas de rábanos y lechugas recuerdan por qué uno metió las manos en la tierra.

Las prioridades de la temporada

  1. Preparar el suelo sin voltearlo: descompactar con la horca de doble mango (grelinette) y acolchar lo que espera.
  2. Sembrar bajo abrigo las hortalizas de sol, y al aire libre las rústicas.
  3. Vigilar las heladas tardías y tener mantas térmicas y campanas al alcance de la mano.
  4. Plantar las patatas, las cebollas, las ensaladas y, después de mediados de mayo, todo lo demás.

Los meses

En el plato

Comer productos de temporada

La primavera en la cocina es el regreso del verde y de lo crujiente: rábanos con sal, ensalada de canónigos y espinacas tiernas, espárragos y ruibarbo en mayo, y después las primeras fresas. Se come ligero, crudo o apenas cocinado, con hierbas frescas recogidas en el momento de servir.

Vivir bien

Salir en cuanto asoma un rayo de sol, aunque sean diez minutos, y mirar lo que ha brotado desde el día anterior. La primavera se vive en pequeñas visitas diarias más que en grandes jornadas: es el ritmo que impone el huerto, y sienta bien.